Covid

¿Cómo estás? ¿Cuántas veces te lo has preguntado desde que estamos confinados? ¿Sabes cómo estás? ¿Te sientes? ¿Escuchas a tu cuerpo?

¿Hacia dónde apuntan tus ojos, hacia tu interior o hacia tu exterior? ¿Y tus acciones, hacia la pasividad o hacia la actividad? En el caso de que te enfoques hacia un extremo o exceso, estás abriendo el paso al sufrimiento. Sin embargo, si oscilas entre ambas te encontrarás en equilibrio y por tanto, sentirás paz y tranquilidad, aunque no permanentemente. Aunque ABSOLUTAMENTE TODAS LAS PERSONAS a lo largo de estos meses hemos transitado en la incertidumbre, la ansiedad o la angustia y el miedo.

Cada persona está utilizando un tipo de afrontamiento u otro para protegerse del dolor de la pérdida. Sí, hablo de duelo y de pérdida porque el duelo es la respuesta natural y humana a todo lo que nos duele, es un proceso normal de adaptación a una nueva realidad. ¿Extraño? Ahora lo explico: hemos dejado atrás la vida que conocíamos, la “normalidad”, hemos permanecido 2 meses encerrados en casa, además, forzosamente nos hemos tenido que separar de nuestras relaciones sociales, de la vida social, de nuestros seres queridos, hemos perdido la libertad, y en definitiva, nuestra vida. Y todavía estamos en ello.

Hemos perdido la capacidad de hacer muchas cosas durante los meses de encierro, como el movimiento o la actividad física mas allá de 4 paredes, y todo esto en una época donde vivimos en piloto automático, en multitarea, estresados porque no llegamos a todo y bastante desconectados del aquí y ahora.

Las circunstancias de la vida, la naturaleza, nos ha obligado a parar, de un plumazo.

PUM

Aquí es cuando sale a la superficie la sobreactividad tanto física como mental, la sobreactivación fisiológica y la inestabilidad en la que estábamos inmersos pero no éramos conscientes de ello, ya que los quehaceres de la vida los tapaban o nos distraían de su existencia.

A todos/as nos ha afectado el covid-19, pero es verdad que las personas que viven en un contexto donde por su profesión trabajan en primera línea o sean pacientes del covid-19 o estén sufriendo las consecuencias económicas de la falta de trabajo, se enfrentan a una realidad diferente en comparación con el resto de la población, que no ha visto a nadie en peligro, expuesto, contagiado o muerto. Por ello su vivencia de la realidad es diferente, con lo cual, la asimilación de la tragedia, los afrontamientos, y las medidas de protección que pongan en marcha no tendrán nada que ver.

Es decir, hay gente que no siente que está en duelo, porque no le ha tocado vivir de cerca, porque todas las muertes producidas (y son muchas, demasiadas) o el porcentaje de pobreza son simplemente números y no vidas humanas. Hacer como si nada hubiese pasado o evitar el dolor/malestar no ayuda, porque no permite al cerebro integrar y procesar lo sucedido. Este es el verdadero peligro, por ello, debemos ser conscientes de lo que ha sucedido, de lo que nos sucede, de los bloqueos físicos y/o emocionales, empatizar y generar una humanidad compartida y compasiva, a través de la cual saldremos de esta, juntas/os, ayudándonos.

Como en cualquier situación de duelo, estamos atravesando ciertas fases:

1. SHOCK-TRAUMA: Excede tus capacidades de afrontamiento. Hay mucha activación somática. No controlas la situación y ésta te desborda.

2. NEGACIÓN: Necesidad de olvidar lo que sucede, distraerse o evitar sentir las emociones que surgen creándose una armadura protectora.

3. INTEGRACIÓN: Aceptación e integración de la realidad y de las emociones que le acompañan.

4. CRECIMIENTO-TRANSFORMACIÓN y aprendizaje a una nueva realidad. Se produce un cambio de identidad, en las relaciones y en el sentido de la vida.

RECUERDA, TODO ESTÁ BIEN. TODO PASARÁ.

Debido a que la mente va a mil, proyectándose hacia el futuro o anclándose en el pasado, ya que es su especialidad, aquí te dejo unos tips para poder transitar estas aguas bravas:

  • Presencia. Sintiendo lo que sientes, aceptándolo, sin querer cambiarlo, ni pretender que sea diferente, porque lo que sientes está bien. Viviendo el aquí y el ahora. Esta situación nos ha obligado a parar, a parar la vida frenética que teníamos, donde estábamos muy desconectados de las fases y los ciclos naturales de la vida.
  • Consciencia. ¿Qué significa esto? que no estarás utilizando un mecanismo llamado NEGACIÓN, que tiene el ser humano para protegerte del peligro, defenderte, de ti misma y/o del exterior. Este mecanismo puede ser positivo, PERO, no absolutamente ya que es como vivir con una venda en los ojos. Negando la realidad lo que consigues es que ésta te persiga, como si de una sombra se tratara o peor aún, creyendo que el virus no es para tanto o pensando que aquí casi no hay incidencia y por tanto, no utilizando las medidas de higiene necesarias que te protegen a ti y a los demás. 
  • Atravesar. Estamos viviendo en una constante incertidumbre, por ello el miedo nos invade, generándonos un estado de alerta, la cual debe ser atravesada. Las emociones para ser afrontadas deben ser sentidas, transitadas y después soltadas, pero nunca negadas. El miedo mirado a la cara se convierte en valor (G. Nardone).
  • Amor. El autocuidado es fundamental, si tu te cuidas te encontrarás fuerte emocional y mentalmente para después poder ayudar a los demás y estar disponible para ellos. Sin embargo, si no te priorizas y no te cuidas, aparecerá el estrés y el agobio, y al final el malestar. Confía en ti, en lo que percibes dentro de ti, ese es tu refugio y tu punto de partida.
  • Transformación. Como dicen los/as chinos/as, toda crisis se convierte en una oportunidad para crecer y reinventarse, porque nada en la vida es estático, ni permanente y el virus nos lo recuerda. Como consecuencia de esta situación aparecerá la adaptación y el crecimiento o el sufrimiento psicológico y/o físico, la enfermedad y la muerte. Tal y como dice el refrán: Renovarse o morir. El duelo es una sacudida en lo mas profundo de nuestro sentido vital, por ello es un momento propicio para cuestionar y replantear nuestras creencias y valores nucleares, las prioridades de cada uno/a, las rutinas y la vida en general. Si sientes que se están produciendo cambios profundos en ti, es parte del duelo y es totalmente natural, porque ya no serás la que eras antes. Serás diferente y también estará bien, porque habrás cambiado.
  • Este parón, este alto en el camino nos ha obligado a mirar hacia adentro, aflorando así la espiritualidad de cada persona pero que ésta nada tiene que ver con la religión, aunque la mayoría de las personas crean que estén unidas o no puedan existir una sin la otra, pero esto es incierto ya que pueden existir unidas o separadas, dependerá de si la persona tiene creencias religiosas o no.
  • La espiritualidad hace referencia a una identidad mucho más amplia y que va más allá de la persona y por tanto, se nutre de las siguientes cualidades:
      • La transcendencia y las preguntas existenciales tipo: ¿Quién soy o hacia dónde dirijo mi vida? Es momento de reevaluar y reorientar nuestra vida, porque quizá nuestras necesidades y prioridades hayan cambiado.
      • Estar presente en conciencia plena contigo mismo, y estar conectado con lo que te rodea, con el mundo, la naturaleza, los animales y con la humanidad en general.
      • El significado y sentido de la vida.
      • Fluir con nuestra intuición, ser compasivos y agradecidos dentro de un mundo compartido.

Todo depende de lo que hagas con lo que te sucede, y recuerda, si sientes que la situación te desborda, es demasiado para ti o no sabes gestionarlo de otra manera, pide ayuda psicológica.

TODAS/OS en el mundo estamos en este proceso de duelo, es momento de dar espacio a nuestros pensamientos, emociones, percepciones y reacciones, y de soltar y soltar.

Como dice Alessandro Salvini: Cada uno construye la realidad que luego padece.

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