¿Tienes alguna pregunta?

¿Por qué no consigo dejar de darle vueltas a todo?

Autora: Elena Olaiz

Cómo distinguir entre reflexionar y rumiar, entender qué mantiene ese pensamiento repetitivo y aprender a responder cuando tu mente no consigue parar.

Constantemente lo veo en consulta. Personas que piensan y sobrepiensan, de una cosa u otra, saltando de un tema a otro o de una circunstancia a otra y en el fondo, detrás de cada una de ellas sucede lo mismo: Quieren calmarse, buscan una certeza, y necesitan seguridad. 

Es taaan frecuente, como irracional. Es decir, la vida es incierta, está llena de incertidumbre, cambios y movimientos que ni se pueden imaginar, ni se pueden controlar y mucho menos, predecir.

¿A que te pasa algo de lo que te estoy contando?

Bien, pues tranquila, tranquilo, que es mucho más común de lo que tú te crees, y no por ello, eres un bicho raro.

¿Qué significa darle vueltas a las cosas?

Vivimos en una sociedad muy mental y muy controladora, y bueno, el conocimiento no es algo malo, pero el uso que le damos al conocimiento es clave, porque si no sabemos hacer un buen uso del mismo, ahí es cuando vienen la ansiedad, el estrés, o el malestar emocional. 

Como dice uno de mis maestros: “Cuando pensar demasiado hace daño”, pero no lo puedo evitar. 

¿Por qué? Porque erróneamente pensamos que comprender nos llevará como consecuencia a resolver o integrar, y cuando hablamos del comportamiento humano, eso no suele suceder así.

La mente necesita entender y por ello, se hace preguntas, se cuestiona, razona, argumenta… Y, paradójicamente, la persona que piensa cada vez acaba más y más atrapada en sus propios pensamientos y realidades. 

En lugar de encontrar claridad y paz, encuentra ruido y preocupación, en definitiva, menor discernimiento y mayor malestar.

 A su vez, el juicio aumenta y el cuerpo cada vez está más agitado y más agotado. Además, perjudica los procesos fisiológicos naturales como la respiración, el descanso y reparación, la digestión y absorción de nutrientes y la eliminación de sustancias que el cuerpo necesita soltar y desechar.

Pensar puede ser útil y necesario, pero el problema viene cuando uno ya ha dejado de pensar y está sobre pensando o rumiando.

¿Cómo sé si estoy rumiando?

Cuando tienes pensamientos repetitivos y te sientes atrapada en ellos, pero después no consigues resolver nada. Yo lo resumo como cuando sientes que dejas de ocuparte, de ser útil y empiezas a preocuparte sin fin. Y esto rápidamente se vuelve un círculo vicioso del cual es muy difícil salir por si solo. Porque más pienso y menos puedo parar de pensar en eso que no quiero pensar, pero no sé cómo hacer para dejar de pensar. 

Cuando hablamos de bucle mental, hacer ejercicio, meditación, intentar relajarse o distraerse no funciona. En el momento y solo si lo consigues de verdad, puede ayudarte a aliviar el sobrepensar, pero claramente no suele ayudar a cortar de raíz.

Entonces, ¿qué sí suele ayudar? Conocerte, saber cómo piensas, desde hace cuánto tiempo estás así y qué has intentado hacer por ti misma/o para dejar de sobrepensar y salir del bucle mental. 

Quizá seas una persona más obsesiva o más perfeccionista o más controladora y entonces, las pautas a seguir son diferentes. Eso sí, en todos los casos el objetivo es el mismo: tu propia soberanía. 

Aprender a evitar entrar en el bucle mental para vivir sin sobrepensar, y a veces, no habrá más remedio que entrar en el laberinto mental, para soltar y descargar todos los pensamientos y emociones desagradables, para después volver a la tranquilidad mental y emocional.

¿En qué momento podrías pedir ayuda?

Te voy a dar un ejemplo esclarecedor: Esta es la historia de una persona que había perdido las llaves de su casa y no podía entrar en ella. Y estaba en la calle, era de noche y un vecino lo encuentra rebuscando en el suelo debajo de una farola. 

El vecino que pasaba por ahí, le ve y le dice: “¡Aiba! ¿Qué estás haciendo?”.
Y ella le contesta: “Pues nada, que no puedo entrar en casa porque he perdido las llaves”. 

  • ¡Ay qué faena!, le dice el vecino. ¿Quieres que te ayude?
  • Venga, vale. Le responde.
  • ¿Y sabes dónde has perdido exactamente las llaves?
  • Sí, claro. Se me cayeron en esa calle de allá. 

El vecino sorprendido le pregunta: “¿Y entonces qué haces buscando aquí y no donde las has perdido?”

Le responde: “¡Pero es que no ves que allí está oscuro porque no hay farola, sin embargo aquí hay una farola que alumbra!”

Creo que con este ejemplo se puede entender mejor lo que quiero decir.

¿Qué puedo hacer cuando entro en ese bucle?

Te voy a dar un ejemplo para que tú puedas empezar a observar por ti misma como es esa rumiación. Cada vez que te des cuenta de que te has atrapado en tus propios pensamientos repetitivos, en lugar de rumiar pensando cómo harías siempre, escribe en un papel:

  • Fecha y hora,
  • Cuáles son esos pensamientos,
  • Cómo te sientes,
  • Cómo te estás hablando.

¿Por qué la escritura puede ayudar a salir del bucle?

El primer psicólogo que estudió sistemáticamente los efectos terapéuticos de la escritura fue James Pennebaker (1987). 

Él descubrió que la escritura expresiva, es decir, escribir expresando las propias emociones y las vivencias personales, tiene un efecto positivo sobre el número de linfocitos presentes en el organismo. Por lo tanto, ayuda a fortalecer el sistema inmunitario y reducir las visitas al médico (Pennebaker et al., 1988). En resumen, escribir ayuda a sanar el cuerpo.

¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

De todas formas, si ya te estás planteando acudir al psicólogo, sí podría ser un buen momento para hacerlo, pero si todavía no lo ves, está bien, sigue intentando cambiar por ti misma/o. Quizá el camino sea más largo o simplemente sea lo que tú necesites hacer para mejorar. 

La vida va de eso, de caminar como cada uno sienta que debe de hacer y sobre todo, en el mundo del desarrollo personal y el autoconocimiento.

Eso sí, si llevas mucho tiempo mal, intentando conseguir cambiar pero el resultado sigue siendo el mismo, por favor pide ayuda psicológica.

Te voy a explicar brevemente cómo lo hago yo en terapia. Primero, identificar el patrón mental, segundo, darte herramientas para que sepas cómo tú puedes disminuirlo o cortarlo y tercero, que lo interiorices poniéndolo en práctica hasta que ya no necesites venir más a terapia porque sola puedes afrontarlo con autonomía y se haya convertido en una nueva habilidad. 

Y si ya estás con algún terapeuta pero sigues parecido, cambia de profesional, sin miedo. A veces, el cambio de psicólogo es necesario. Es verdad que hay circunstancias y personas que necesitan terapias más largas o complejas que otras, pero es importante también avanzar, y a veces, eso supone cambiar de terapia y de profesional como evolución del propio tratamiento.

Si lo que te he contado te resuena y llevas demasiado tiempo intentando salir del bucle mental por tu cuenta, no tienes por qué hacerlo en solitario. Podemos trabajarlo en consulta para identificar tus patrones, aprender herramientas prácticas y recuperar tu tranquilidad mental y emocional.

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