Aunque cada vez más comunidades autónomas se suman a la demanda de psicólogos en atención primaria, el tratamiento de problemas psicológicos y de salud mental en atención primaria todavía es inexistente y/o insuficiente. Sin embargo, la detección temprana es fundamental.

La intervención psicológica en los servicios de Atención Primaria evitaría la cronificación del trastorno y disminuiría, consiguientemente, el número de visitas al médico (Richards y Syckling, 2009). Incluso, evitaría la aparición de cifras más altas de incapacidad laboral temporal.

Como dato importante cabría decir que los problemas de ansiedad, depresión y somatizaciones (quejas físicas de origen no biológico que cursan con altos niveles de ansiedad) constituyen uno de los principales motivos de consulta en Atención Primaria, el 49,2%.

Es decir, la presencia de síntomas que no llegan a constituir trastornos establecidos y tipificados (episodios de ansiedad, depresión, etc.) así como problemas psicosociales en la vida diaria (divorcios, problemas familiares, laborales, etc.).

Para aquellos casos que necesitan un abordaje mayor, se encuentran los servicios de atención especializada de salud mental, los cuales se refieren al siguiente nivel asistencial atendiendo trastornos mentales graves y más cronificados.

Teniendo como referencia el dicho: “más vale prevenir que curar”, siempre es mejor acudir al psicólogo en el primer nivel asistencial o de atención primaria, cuando aunque hay malestar todavía el trastorno no se ha cronificado. Ya que en el nivel especializado de salud mental existe un diagnóstico clínico, una cronicidad e incluso es posible que el nivel del funcionamiento personal, laboral, social y familiar se encuentre afectado con una gravedad de moderada a severa.

A modo de conclusión, las personas con trastornos emocionales (ansiedad, depresión, somatizaciones) de intensidad leve-moderada, se benefician de una psicoterapia breve y focalizada en el problema. Además, los tratamientos de primera elección para estos trastornos son las intervenciones psicológicas basadas en la evidencia. En la práctica en cambio, esto no se está realizando, ya que actualmente el abordaje mayoritario es el farmacológico.

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